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martes, 26 de agosto de 2008

¿Qué pasa?

Los misterios del universo

I Parte

Mario Loaiza

El infinito y misterioso universo intriga a los científicos más estudiosos y maravilla a los ciudadanos cuando se descubren nuevos acontecimientos que giran en esa inmensa masa de millones de componentes, de galaxias, planetas, estrellas, cometas y agujeros negros.

Desde que estudiaba en la escuela, me ha apasionado ese tema, por lo que a partir de hoy, comentaremos los misterios del universo.

Agua en estado cristalino y hielo de amoniaco cubren gran parte de la superficie de un satélite, llamado Charón, que pertenece al planeta Plutón. Los científicos norteamericanos detectaron la presencia de agua en una especie como de luna del planeta Plutón y, según el Instituto de Tecnología de California, lo que si está comprobado es que en los confines del sistema solar, y no solamente en nuestro planeta tierra, existe no solo agua en estado cristalino sino que también hielo.

Para los científicos consultados por los medios de información de todo el mundo, el Universo se encuentra en expansión; es decir, que las galaxias que poseen miles de planetas y sus satélites incluidos, se están separando, alejándose cada vez más entre sí y a velocidades increíbles.

La expansión del Universo fue provocada hace miles de millones de años por el Big Bang que, con su gran explosión de materia cósmica, lanzó a las galaxias en todas las direcciones.

Otro dato misterioso es el que anunciaron científicos de varios países que se reunieron en Atlanta, Georgia, Estados Unidos, cuando afirmaron que la vida humana vino de Marte mediante dos bacterias que tienen la suficiente capacidad de resistir el calor, radiaciones y velocidades extremas. Sus puntos de vista fueron descifrados en el año de 1999 ,con el descubrimiento en la Antártica de un meteorito que procedía de Marte y que traía consigo formas bacterianas, similares a las que los científicos insisten, dieron inicio la vida humana.

Particularmente nosotros nos oponemos a ese punto de vista, ya que en todas las sondas que se han enviado al espacio, que han tomado fotografías de los diversos planetas, el único cuerpo celeste que posee bella naturaleza incluidos ríos, mares, lagos, aves, animales, oxigeno, aire y seres humanos, es el planeta Tierra. Por lo que sigo creyendo que fue aquí donde se le dio vida al ser humano.

En ese encuentro internacional también se reveló que hace 4.500 millones de años, Marte fue un planeta en que el agua fluía libremente y se embalsaba en océanos y mares hoy desaparecidos. Para confirmarlo, una sonda enviada a ese planeta, antes y durante su amarizaje tomó miles de fotografías en las que se detectan huellas de diferentes formas que el agua dejó en su recorrido, tanto en sus rocas como en la superficie marciana, de lo que se tiene la hipótesis que fueron golfos marinos.

En otra serie de importantes acontecimientos, los científicos y los principales ejércitos del mundo pueden estar tranquilos de que ya es posible desviar o deshacer un meteorito que venga en dirección directa para chocar contra nuestro plantea, y porqué no, hasta un cometa.

Este tema preocupa a los hombres de la ciencia que se reúnen con frecuencia para profundizar las medidas de defensa que hay que tener, en caso que se presente una emergencia de esa magnitud.

El primer impacto ya se dio. El día 9 de julio de 2005 el “impactor”, proyectil lanzado por la sonda de la NASA, se salió de la órbita de la Tierra y se cruzó con la del cometa Temple 1, causándole una gran colisión en su gran masa. No se trata de la primera guerra intergaláctica, sino más bien se trató de una cruzada e investigación científica para estudiar la creación del universo.

Los medios de información de todo el mundo fueron testigos de este acontecimiento, y nosotros también, cuando por la televisión nos narraron que tras seis meses de viaje y un recorrido de 431 millones de kilómetros, que el Deep Impact, así se llamaba la sonda enviada, lanzó un proyectil que bombardeó 24 horas después, al cometa Temple que mide 14 kilómetros de largo por cinco de ancho y que posee una gigantesca cola de mas de 1.500 kilómetros.

La gran bala lanzada en esa ocasión pesaba 372 kilogramos y era del tamaño de un refrigerador. Cuando chocó contra ese cuerpo celeste desarrollaba una velocidad de 37 mil kilómetros por hora, lo que le produjo a la masa del Temple fue un cráter del tamaño de un estadio de fútbol.

Para que nuestros lectores se formen una idea de lo que estamos escribiendo, si un cuerpo celeste con un diámetro de 1,5 kilómetros chocara contra la Tierra (Dios quiera que nunca suceda), provocaría una devastación equivalente a 200 mil millones de toneladas de TNT, levantaría una gigantesca nube de polvo y provocaría un cataclismo de tales dimensiones, que sería capaz de ocultar la luz del sol durante meses, con funestas consecuencias de muerte y desolación porque destruiría las cosechas en todo el mundo y 2 mil millones de seres humanos desaparecerían como desintegrados de la faz de la Tierra
¡Hasta el próximo martes con otro comentario del ¿Qué Pasa?, si Dios lo permite!

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